todos
Ensenada, B. C. a

«Sendero escultórico», un espacio para la reflexión

Nautillus, El ser humano átomo, El ser humano geológico y El árbol cibernético son los nombres de las cuatro piezas que hasta el momento –serán seis en total– conforman el sendero escultórico del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), un espacio para la reflexión cuyo arte evoca los temas de investigación del CICESE.


Nautillus, El ser humano átomo y El ser humano geológico se localizan en el sendero que une la parte baja del campus, pasando por las instalaciones de la UNAM, con los edificios superiores y vía directa a la cafetería, próxima a inaugurarse. El árbol cibernético puede apreciarse a la salida del edificio administrativo, al calce del camino que conduce al edificio de Telemática.

Ciencia, ecología y arte
A la visión integral de crecimiento del Centro, que ya incluye aspectos ambientales, cuidados a través del Comité Ecológico y de Desarrollo del campus del CICESE, se suma un acervo cultural que hasta abril de 2004 incluye dos murales, Las ciencias en Baja California, plasmados a la entrada del edificio de Telemática, y cuatro esculturas de gran formato. Murales y esculturas son obra del artista José Hugo Sánchez Jiménez, originario de Ciudad Obregón, Sonora, y residente de Tijuana, Baja California, desde hace 18 años.

El sendero
Tras un proceso de año y medio que incluyó la investigación, un regreso a los libros de escultores cuya obra le interesa –Chillida, Toledo y Sebastián- y la realización de varios dibujos, maquetas de alambre, cartón y palitos de paleta, se eligieron las obras que hoy son patrimonio del CICESE y, por tanto, una obra pública. Una combinación de arquitectura y arte, que al instante, (cuidando toda proporción), evoca ejemplos tan certeros como los murales de David Alfaro Siquieros y Juan O\' Gorman, y el espacio escultórico de Ciudad Universitaria, de la UNAM, en el Distrito Federal.

“Antes sólo había hecho esculturas a escala pequeña, máximo de dos metros, y efímeras. Esta experiencia me llevó a recordar, estudiar y aprender más sobre la escultura y todo lo referente a la instalación (zapatas, excavación, equilibrio) que representó todo un reto porque las primeras tres esculturas se asentaron con retroexcavadoras y cadenas, fue angustiante, y la cuarta ya con una grúa. Sabía que las esculturas estarían en un sendero por el cual transita gente, así que me preocupaba dónde y cómo iba a quedar cada pieza”, comenta José Hugo Sánchez, entrevistado en Tijuana, en la Galería H&H, donde se exhibe su más reciente exposición individual, “[link=\"http://gaceta.cicese.mx/ver.php?topico=seccion&ejemplar=78&id=1142&from=buscador\"
La furia, uno de uno[/link
”.

Nautillus
[foto_i=\"2\"
A diferencia de sus cuadros, poblados de personajes diversos y colores múltiples, “mientras más espacio tengo más monos le pongo”, las esculturas de José Hugo son piezas austeras. “Entiendo la escultura como una síntesis de luz y espacio. Al principio me dejé llevar por la forma y me estaba olvidando del espacio donde se ubicarían estas piezas. Nautillus fue la primera pieza elaborada, con una estructura muy delgada en la parte inferior y esta cabina que emula al molusco de concha espiral que existe desde la era primaria. Ya hecha la pieza, pensé que hubiera sido más interesante mostrar la estructura interna. Me hubiera gustado más sencillo, una viga como las otras”. Pero el nautilo fue su primer experimento y resultó completamente diferente a las demás piezas.

Concluido el Nautillus, pieza de aluminio galvanizado y aleación de acero que mide cuatro metros y pesa 700 kilos, José Hugo se preocupó más por el espacio y menos por la forma porque “Nautillus se quedó pequeño con la tipografía sinuosa y la arquitectura monumental de los edificios del CICESE y es que, entonces, me centré más en la forma del caracol antiguo, ancestral, primigenio que tiene que ver con la geología, el plancton, el mar y la connotación con los temas de investigación del CICESE, que fue requisito solicitado por el director. No perdí el enfoque al respecto, pero me preocupé por el espacio y la necesidad de sintetizar al máximo”.

El ser humano átomo, El ser humano geológico

Cada una de las piezas de acero al carbón mide 9 metros y pesa casi dos toneladas. En ambas, José Hugo trató de incidir en el espacio de una manera mas orgánica tratando de encontrar la síntesis y ver cómo podía connotar a la ciencia.
El ser humano geológico tiene dos esferas que obedecen a la cuestión de los hemisferios, propone una connotación femenina, como si estuviera dando a luz, una balanza, una media luna que también es como un reloj griego y tiene que ver con la Tierra, un ser mítico que tiene dos sexos, pero básicamente es un ser. Los conceptos son muy abstractos pero mi preocupación fue incidir más en el espacio que en las formas. Mi propuesta es que la gente no vea la forma sino el espacio.

“Después del Nautillus, ya había aprendido lo suficiente sobre cimentación, armazón y muchas cosas –recuerda José Hugo. Lo difícil es que me metí a una metalera más grande, a trabajar con grúas gigantes porque el nautilo pesa 700 kilos, pero las otras esculturas pesan casi dos toneladas. Ya no se trataba de cortar vigas con soplete sino meterlas en rodillos gigantes usados para doblar estructuras para barcos”.
Para ello, Hugo trabajó con la metalera Skin Fild en la Presa, Tijuana, un negocio grande con grúas en su interior. “Ellos me ayudaron. Al principio eché a perder algunas vigas porque es difícil trabajar y moldear el acero, pero finalmente se trabajó con base en una maqueta donde se veían las medidas precisas para los cortes, con el fin de no desperdiciar material, dinero y tiempo.
“Fue un aprendizaje meterme con la estructura, platicar con el material para no sentirlo ajeno a mí. ¿Qué voy a decir con estas esculturas? El metal es frío por eso las esculturas tienen muchos arcos, dobleces. No se trataba de hacer un cuadrado con líneas verticales y horizontales, sino de encontrar los arcos que me daban la parte orgánica y la referencia a la naturaleza”.

El árbol cibernético

La última escultura realizada, El árbol cibernético, una pieza de acerco al carbón, de 7.5 metros de altura y tonelada y media de peso, es la mejor, opina José Hugo porque “hace más compleja la organicidad entre las formas, ya no es un arco sino cinco y es que quiero chupar a la naturaza todo lo orgánico. El árbol cibernético obedece a las formas de los árboles, las raíces, las nervaduras de las hojas, las telarañas. El propósito fue desdoblar el espacio con un material que a pesar de su rigidez puede ser doblado. Me gusta el contraste entre lo duro y lo blando; el vacío y la ubicuidad”.

En la Tijuana de las múltiples fracturas en lo cultural, político y social, José Hugo se ha dedicado a la docencia, el dibujo, el grabado, la escultura e incluso al reciclaje en clases para niños. Su acercamiento a la ciencia y al arte ha sido a través de proyectos con niños. La matemática, física, química, geometría y telecomunicaciones son temas recurrentes en el trabajo que emprende en escuelas. Las cuatro esculturas del CICESE son las primeras piezas fijas que realiza e instala en un lugar público.

“Estoy contento con la obra. Hace años hacía teatro o performance con textos, percusiones, música, bailarines, fuego. Hice muchas esculturas efímeras, con cohetes a los que prendía fuego. Dado un espacio realizaba instalaciones, por ejemplo, la de Juan Soldado, en la plaza Santo Domingo, en la Ciudad de México, hacia 1995-1996.
“Contraté un camión de tierra y puse un círculo de aproximadamente nueve metros de diámetro, simulaba una tumba. Le puse cruces traídas de Tijuana, hice una escultura con elotes y cactus, y una trenza gigante a la que prendí fuego. El tema era Juan Soldado, que es un icono religioso de los migrantes. Para ellos es un salvador que ayuda a las persona a cruzar la frontera u obtener su mica. La gente le lleva flores al panteón Jardín. Yo me pinté todo el cuerpo, ofrende un chivo, lo desollé, me lo colgué en la espalda, lo abrí en canal, me colgué una cruz con pollos y machetes y todo tatuado me echaba un rollo. Mucho tiempo hice performances que incluían esculturas efímeras, pero junto con murales y dibujos las quemaba en las presentaciones públicas”.

Dos obras más

Pero en CICESE la contribución de José Hugo Sánchez no concluye con las cuatro esculturas ya visibles desde la autopista, hay dos piezas más en proyecto. Una maqueta ya fue aceptada con el nombre de El ser humano viendo al futuro. “El soporte de la quinta escultura no tiene una zapata sino dos. Es el perfil de un ser, adentro habrá bobinas que se moverán con el aire. La parte interna será como un cerebro pero de líneas, serán puntas secas esculpidas. Uno no pude equivocarse, debe ser un trazo seguro. La sexta escultura está por definir”.

Más allá de los conceptos
Para José Hugo Sánchez, el artista de 41 años, que estudió animación y diseño gráfico en la Universidad de California, y artes plásticas en el Colegio Southwestern, la escultura debe apreciarse más allá de las palabras. “Me gustaría que más allá de los conceptos filosóficos y científicos implícitos en la obra exista una plática entre la topografía y la escultura, entre la arquitectura y la escultura. [foto_c=\"6\"
Falta piso, árboles y banquitas al sendero escultórico, que sé es un proyecto que se irá transformando. Además de la contribución estética, ojalá que yo pueda provocar la reflexión. Mi deseo fue incidir en el espacio. Somos seres de espacio y tiempo, y me gustaría que las personas que caminen por ese sendero reflexionen y se aventuren a un viaje hacia el micro y macro espacio”.

Contento con la obra, Hugo Sánchez metafóricamente llama a Javier Mendieta su José Vasconcelos. “Él dio a Orozco, Rivera y Siqueiros la oportunidad de hacer obra pública y Javier me dio el honor de estar en el CICESE”, concluye este joven artista que gusta de experimentar con materiales, formas y espacios, y a quien, quizá, próximamente veamos rompiendo esquemas respecto al grabado y experimentando en lugares públicos de Tijuana, con su proyecto “Ciudades sintéticas”.

[foto_c=\"7\"
El ser humano átomo
“Al grabador se le conoce como alguien que hace una serie y todas son iguales. Yo quiero demostrar que esa historia del grabado ya se acabó. Quiero demostrar que la gráfica es libre, que la gráfica tiene su propia identidad, que cada pieza es única. Después quiero romper con los marcos, mis personajes serán el contorno”. Y así lo demuestra su exposición “La furia, uno de uno” en la cual muestra 22 grabados que son piezas únicas, propuesta que contrasta con la tradición de utilizar al grabado como medio para realizar decenas o cientos de obras de una misma serie.

Respecto a su propuesta más reciente dice: “Tengo un proyecto de esculturas de linóleo (en la galería se exponen algunos patrones de plástico). Serán personajes de la ciudad, figuras humanas que representarán situaciones que viven los migrantes en Tijuana. En canal abriré los patrones de linóleo y los dibujaré. Serán historias grabadas y entintadas. Quiero llevar las esculturas a escenarios públicos, que la gente se identifique con las historias, creo que pueden resultar bien Ya metí el proyecto para solicitar una beca –antes, en dos ocasiones, ha sido becario del CONACULTA- pero si no me la dan, igual haré este proyecto.[foto_c=\"8\"
El ser humano geológico


Fotografías: Norma Herrera, excepto la foto de José Hugo Sánchez, que pertenece a Jens Herrmann, y el dibujo que fue elaborado por el arquitecto Salvador Gutiérrez.